En julio de 2017 llevamos por primera vez la realidad virtual a un plató nacional. Lara Álvarez y Toñi Moreno se pusieron los visores en directo y acabaron perdiendo el equilibrio delante de las cámaras.
Aquello fue divertido de ver y muy instructivo de sufrir.
Por qué se perdía el equilibrio en 2017
Por tres motivos que hoy están casi resueltos y que entonces eran el pan de cada día.
No había passthrough. El visor te tapaba los ojos y punto: no podías comprobar dónde estabas sin quitártelo. Hoy los dispositivos dejan ver la sala mientras superponen el contenido, y eso solo ya evita la mitad de los sustos.
La latencia era mayor. Cuando la imagen tarda en seguir el movimiento de la cabeza, el oído interno y la vista dejan de contarle lo mismo al cerebro. El resultado es el mareo.
El contenido no estaba pensado para primerizos. Se elegían experiencias impactantes —alturas, caídas, velocidad— porque impresionaban. Justamente las peores para alguien que no se ha puesto un visor en su vida.
Lo que cambió en nuestra forma de trabajar
- Siempre alguien al lado. Con la mano visible y avisando de lo que va a ocurrir.
- Empezar sentado cuando la persona no tiene experiencia previa.
- Primero una escena tranquila, y solo después la impactante.
- Espacio delimitado y libre de obstáculos, aunque parezca de sobra.
Nueve años después seguimos aplicando las cuatro en cada evento. No son manías: son lo que separa una activación de la que la gente sale hablando bien de una en la que alguien se marea.
La visión de Xperiencia Virtual
Nueve años después seguimos aplicando lo que aprendimos aquel día: alguien al lado, empezar sentado, escena tranquila antes que impactante y espacio despejado de sobra. Por eso en nuestros eventos la gente sale hablando de la experiencia y no de que se mareó.
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