La realidad virtual no solo sirve para jugar. Es una frase que repetimos tanto que ya suena a eslogan, así que conviene apoyarla en algo. Uno de los sitios donde se está apoyando sola es la psicología clínica.
El estudio
Un trabajo realizado en Holanda hizo pruebas clínicas con cerca de 116 personas diagnosticadas con episodios psicóticos. Se les equipó con un casco de realidad virtual profesional NVIS SX111 y se les expuso durante unos treinta minutos a situaciones sociales recreadas: ir dentro de un tren, subir en un ascensor, con gente apareciendo poco a poco a su alrededor. Eran justo las situaciones que los pacientes tendían a evitar por desconfianza hacia desconocidos.
Los participantes se dividieron en dos grupos. A la mitad se le pidió que se comportara como lo haría en la vida real. A la otra mitad se le dieron pautas y se le recordó que aquellas personas no eran reales y que la situación era completamente segura.
El resultado
Más de la mitad del segundo grupo dejó de presentar paranoia severa. En el primero, solo dos de cada diez. La diferencia entre ambos no está en la tecnología, que era la misma: está en el acompañamiento. Exponerse no basta; hay que exponerse con alguien que dirige la exposición.
Los propios autores son prudentes: todavía es pronto para saber si el beneficio se sostiene a largo plazo y se seguirán haciendo pruebas. Lo que sí puede afirmarse es que a corto plazo el efecto fue claro.
Qué tiene esto de especial
La terapia de exposición existe desde hace décadas. Lo que aporta la realidad virtual es control: puedes decidir cuánta gente aparece, a qué distancia, durante cuánto tiempo, y puedes parar en el segundo exacto en el que el paciente lo necesita. Nada de eso es posible en un tren de verdad.
Y hay una segunda ventaja, menos evidente: el paciente sabe que no es real, y aun así el cuerpo responde. Esa distancia —saber que estás a salvo mientras notas la reacción— es precisamente lo que hace la sesión soportable.
La visión de Xperiencia Virtual
Somos una empresa de tecnología, no una consulta, y no nos corresponde valorar tratamientos. Pero sí nos corresponde señalar cuándo un uso está sostenido por evidencia y cuándo es marketing. Este es de los primeros. Cuando alguien nos plantea un proyecto en el ámbito sanitario, la primera pregunta que hacemos es quién va a estar al lado del paciente: sin esa figura, la tecnología sobra.
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