Recibir un presupuesto de un proyecto inmersivo y no saber a qué corresponde cada partida es incómodo. Este desglose sirve para leer cualquier propuesta —la nuestra o la de otro— con criterio.
Las partidas y su peso habitual
- Definición y guion (10-15%). Lo que decide si el proyecto sirve. Recortar aquí es la falsa economía más común.
- Producción de activos (30-40%). Modelado 3D, captura, texturas, audio. Suele ser la partida mayor y la que más varía según el nivel de acabado exigido.
- Desarrollo e interacción (25-35%). Programación, lógica, integración con sistemas si aplica.
- Validación y ajuste (10-15%). Pruebas con usuarios reales y las correcciones que salen de ahí.
- Despliegue y formación (5-10%). Poner en marcha y capacitar a quien lo va a operar.
Lo que casi nunca aparece y deberías preguntar
- Hardware. ¿Incluye visores? ¿Cuántos? ¿Y su gestión y mantenimiento?
- Licencias. Motores, plataformas de distribución, servicios de terceros con coste recurrente.
- Mantenimiento. Actualizaciones para que siga funcionando cuando cambien los sistemas operativos y los dispositivos.
- Alojamiento y distribución. Dónde vive el contenido y quién paga ese servicio.
- Cambios posteriores. Qué cuesta modificar un texto, añadir un idioma o cambiar un escenario dentro de un año.
Las variables que mueven el precio de verdad
Tres, por orden de impacto: nivel de fotorrealismo, grado de interacción y número de plataformas soportadas. Reducir cualquiera de las tres baja el coste de forma significativa sin necesariamente reducir la utilidad del proyecto.
La conversación que ahorra dinero
En lugar de pedir un presupuesto para lo que imaginas, explica el problema y el presupuesto disponible. Un proveedor solvente te dirá qué se puede conseguir con esa cifra, o te dirá que con esa cifra no se consigue nada útil. Ambas respuestas valen más que una propuesta ajustada a un alcance irreal.
La visión de Xperiencia Virtual
Preferimos decir "con este presupuesto se puede hacer esto, no aquello" antes de empezar. Un proyecto que arranca con expectativas mal calibradas termina mal aunque la ejecución sea impecable.
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