IEBS Business School publicó un artículo de referencia sobre qué son la realidad virtual, la aumentada y la extendida, y para quien quiera profundizar enlaza un webinar de Marcelo Santamaría, CEO y fundador de Xperiencia Virtual.
La confusión de fondo
Las tres se mezclan constantemente en las conversaciones comerciales, y elegir mal cuesta dinero. La distinción práctica es esta:
Realidad virtual: el usuario se aísla por completo. Sirve cuando lo que hay que enseñar no existe, no se puede visitar o es peligroso.
Realidad aumentada: se superpone información sobre el mundo real, normalmente a través del móvil o de unas gafas ligeras. Como recoge el propio artículo de IEBS, permite «solapar hologramas sobre nuestra realidad para añadir información adicional». Sirve cuando el objeto real tiene que seguir delante: mantenimiento, montaje, asistencia remota.
Realidad mixta: el contenido se ancla al espacio y se puede rodear. Sirve para validar diseños a tamaño real y para revisar en equipo algo que aún no se ha fabricado.
La pregunta que ahorra presupuesto
No es «¿cuál es mejor?», sino «¿el usuario necesita seguir viendo lo que tiene delante?». Si la respuesta es sí, no es realidad virtual, por muy impresionante que resulte en una demostración. Si es no, aislarlo del todo suele dar mejor resultado y sale más barato de producir.
Sobre las previsiones de mercado
Aquel artículo, como casi todos los de la época, citaba proyecciones de crecimiento espectaculares para 2022 y 2025. Con la perspectiva de hoy, ninguna se cumplió como se decía. Es un buen recordatorio: las cifras de mercado envejecen fatal, y las diferencias técnicas entre las tres tecnologías no han cambiado nada.
La visión de Xperiencia Virtual
La pregunta que ahorra presupuesto es si el usuario necesita seguir viendo lo que tiene delante. De ahí sale cuál de las tres tecnologías toca, y no al revés. Si no lo tienes claro, es exactamente la conversación con la que empezamos cualquier proyecto.
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