El Diario de Burgos contó cómo el monasterio de Santa María de Rioseco, en las Merindades, puede visitarse hoy tal y como estaba en el siglo XVIII, cuando vivía uno de sus mejores momentos económicos: la iglesia llena de retablos policromados, con órgano, púlpito y la sillería del coro de los monjes.
El trabajo en 3D lo sufragó la Consejería de Cultura y Turismo con 15.680 euros y lo realizamos nosotros.
Por qué el patrimonio en ruinas es el mejor caso para la realidad virtual
Porque es el único contenido que no se puede fotografiar. Un museo se puede visitar; una catedral en pie se puede recorrer. Un monasterio arruinado solo se puede imaginar, y lo que hace la recreación 3D es sustituir esa imaginación —que cada visitante hace a su manera, casi siempre mal— por una reconstrucción documentada.
Ahí está la diferencia entre esto y una animación bonita: cada retablo, cada ventana ojival hoy cegada, cada elemento del coro responde a documentación histórica. Si no, es ficción.
Cómo se visita
Los días que no hay guías, el visitante descarga el vídeo de 360 grados con un código QR situado en uno de los paneles de la entrada. Es una decisión de diseño más importante de lo que parece: significa que el proyecto no depende de que haya personal, ni de que un visor sobreviva a la intemperie y al vandalismo.
Un contenido inmersivo que necesita hardware in situ para existir es un contenido que dejará de funcionar. Uno que vive en el móvil del visitante sigue ahí dentro de cinco años.
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La visión de Xperiencia Virtual
Diseñamos para que el proyecto siga vivo sin nosotros: contenido que se abre con un QR desde el móvil del visitante, sin depender de que haya personal ni de que un visor sobreviva a la intemperie. Si gestionas un espacio patrimonial, esa decisión vale más que cualquier alarde técnico.
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